Retazos

La Vieja Rutina

Luego de aliñar las ollas, contar los cerillos y mirarse al espejo, peina  su largo cabello plateado la vieja rutina. Sus ojos hundidos por el tiempo denotan la silueta de la carabela  que la  acompañó toda la vida junto a unos 20 kilos de piel y 15 de músculos que luego de casi 100 años se reducen en la mitad de lo que normalmente fueron. Sus uñas encarnadas de sembrar amores y cosechar rabias, le aprietan los dedos torcidos por la artritis que le impide no sentir dolor todos los días desde hace medio siglo.

La curvatura en forma de hoz que decidió tener su espina dorsal, luego de reclamarle 500 veces algo de vicks baporup cuando se tiraba del caballo galopador del cerro gordo. Esta ahora amarrada por tornillos encarnados en la cadera, esa que conmovió en sus años mozos a cuanto campesino pasara por el poblado de Rincón Grande. El par de gambas que en sus años mozos no necesitaron de corcel para llevarla a los poblados mas lejanos hoy se entorpecen y se apoyan en cuatro mas delgadas de aluminio que con lo que queda de sus brazos se ajustan formando en la sombra la silueta de un animal de otra era, de uno de 6 patas y una mente ágil.

La casa de rutina era vieja y malhumorada, los escasos rayos de luz que entraban por las hendiduras y ventanas tapadas por maderas, alumbraban entre sombras los cuatro taburetes de piel de ganado que se compró para que duraran tanto como su memoria. Las tres recamaras eran visitadas entre la oscuridad por arañas y escorpiones que la acompañaban en su soledad agreste, esa que fue la que más la acompaño durante muchos años. Y con quien tenia grandes platicas sobre ahorros y chismes del pueblo.

El día en que la vieja rutina se casó llovieron relámpagos en un día soleado, se estremeció la sabana con sus gritos de virginidad. Se fecundo la pradera y nació una flor única entre las salvajes amarillas que crecen alrededor de las vacas y terneros. Rutina en una mañana de septiembre ordeñando a la niña la pudo ver brillar y corrió a cortarla, la cuido y la mimó como si fuese su hija. Y el día en que decidió dejar a su esposo se la regaló como muestra del profundo amor que siempre le tendría.

Esa vieja rutina hoy nos estremece el sentido con sus historias inentendibles, el espacio por donde se pueden observar sus escasos dientes esta dibujado con una sonrisa perfectamente acompañada por la delgada piel que le besa los pómulos y se estira y recoge con las carcajadas. Esa vieja  es Luz en la penumbra, es madre del sosiego y del encanto de aquel que le permite un espacio a sus historias, de quien la disfruta y se ilumina con su sabiduría, de quien alguna vez acarició el bulto de piel con músculos viejos que le cuelga en los brazos y se permitió soñar vivir una vida de esperanza, de servicio y bondad, una vida contando centavos  y heredando alhajas y vacas, cuidadosamente registradas en papel, una vida de alegrías, rabias y tristezas, una tatarabuela  amarrada con chicotes al espacio. 



rie chinito



El enano carpintero y la gigante ilusión

Las tenues luces que me alumbran la mente, se prenden y apagan tantas veces que no me permiten escribir. Extiendo la mirada al espejo que refleja débilmente el resplandor y atrapo una idea, una de colonias de mujeres tan pequeñas como moscas, hadas eso son, hadas que vuelan sobre el río y cantan y silban y me miran y sonríen una y otra vez, vuelvo a mirar a la mesa de noche color madera que tengo a mi lado y pienso en pasión la de una gigante con un enano, la del enano carpintero que la construyó para su amada, para subirse en ella y poder rascar su inmensa espalda con un trozo de estropajo.

Miro el placar verde con cajones marrón casi cremas cuatro de ellos que me miran y se cierran, se abre el de arriba y me observa en el segundo atemorizado porque su compañera quedo probablemente en el camión de la mudanza arriba al lado aquellas dos puertas distintas, hechas por el enano carpintero enamorado que utiliza las gavetas como escaleras para tender su ropa y el espacio inmenso y vacio para la ropa de la gigante, lo hizo para que metiera la correa y el vestido azul que tiene siempre, que le hace juego con el cabello platinado que peina en las mañanas de invierno, ese que se mueve cuando entra luz y se aquieta con el viento.

Debajo crece una cama de dos plazas, del enano carpintero y la gigante, una que ahora esta vacía y se hunde de un lado y del otro flota. Se ordena todas las mañanas a medias. Hace falta la gigante y el enano construye el mundo perfecto para ambos, sin saber que ella nunca vino, pensando en que estaba cuando mas le hizo falta. Soñando que le habría la puerta por donde nunca entró y tendiéndole la toalla con la que nunca se secó.

Estaba el un día mirando la planta que crece sola por la pequeña ventana por donde debía entrar su amada, nunca pensó que no cabria, siempre la veía entrar y nunca la encontraba. Esa plata verde en primavera y ocre en otoño, en cuanto mas crece, mas pequeña se hace la ventana, mas pequeño el agujero que me da luz en la mente, que refleja el espejo, que me muestra la mesa de noche, que me enfoca en el placar verde  y  me tira en la cama. Que me permite respirar y sentir a  la gigante y me llena la habitación con su presencia, permitiéndome vivir 2 minutos mas, quizás llegue a 5, si endurece el invierno, si se muere la planta si se abre la ventana y se cae por la apertura la gigante ilusión.

 

Manu

18/05/2011.



Los contrastes sociales solo los podemos descubrir si nos abrimos a experimentar su cultura, en esta isla descubrí que las diferencias entre los pueblos las hacemos nuestras principales barreras culturales.



Pa’ mis Carretas del Sur…

Chile… aquel esbelto y austral país que te inmiscuye en la pasión por una polola, que te enreda en las olas del pacifico, que te aplasta con sus andes solitarios, vuelve a mi como la violeta a los 17, vuelve a mi como Neruda a Isla Negra; vuelve a mi la nostalgia de aquellos carretas, de aquella escuela lugubre e invadida por las brisas que llegan de Isla de Pascua, estrellada por la corriente de Humboldt y cautivada por los cerros de Valpo.

Vuelve a mi aquella ilusión perdida por vivir el Atacama, por tocar las Torres del Paine, por tomarme un pisco sour; vuelve a mi hoy mas fuerte la alegría por volver a tus caminos y hacerlos de mis pies.


El Hambriento…
Aquellos ojos reflejaron la esperanza perpetua, el afán por lo desconocido;  visto desde el lente me exigían: este es mi mundo, violado por aquel que cree que dando de comer puede cambiar al ignorante; tengo hambre! cada neurona de mi cuerpo me grita desaforadamente por cultura, por nuevas líneas, por educación, me reclama información; aquella que tú tienes y no sabes cómo compartirla, entonces ¿quién es el ignorante? ¿quién es el hambriento?

El Hambriento…

Aquellos ojos reflejaron la esperanza perpetua, el afán por lo desconocido;  visto desde el lente me exigían: este es mi mundo, violado por aquel que cree que dando de comer puede cambiar al ignorante; tengo hambre! cada neurona de mi cuerpo me grita desaforadamente por cultura, por nuevas líneas, por educación, me reclama información; aquella que tú tienes y no sabes cómo compartirla, entonces ¿quién es el ignorante? ¿quién es el hambriento?



Montevideo- en ksa



in the way back home, you can think…

a better World is possible if we start thinking in our freedom as base of the new society… A men that have knowledge and access to information is just free when he decides to be free, when others opinion is as important as a bunch of shit… We are the new generation of free people, Don’t u wanna joing us?


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